tiene buena memoria

Cuando todos fuimos Suárez

“Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España”

Publicado: 2014-03-23

Mientras escribo a la carrera estas líneas toda España guarda silencio ante el anuncio de la muerte de Adolfo Suárez, el primer presidente elegido democráticamente tras casi cuarenta años de dictadura franquista. Pero este, que puede ser apenas un dato para la enciclopedia o una monografía, es solo uno de los muchos de una biografía que, hechas las sumas y las restas, merece hoy el reconocimiento de todos, españoles y no españoles más allá de cualquier frontera geográfica o ideológica. Y es que ese prodigio de consenso político al que se llamó la Transición, uno de los periodos más convulsos e interesantes de la historia contemporánea española, fue posible gracias a la habilidad política de un hombre que al momento de partir se fue sin ningún recuerdo de lo que hizo o logró para ganarse un merecido lugar en la historia. Y es que si algo tiene de cruel una enfermedad tremendamente cruel como el Alzheimer es hacer que te olvides incluso de los momentos de felicidad o dignidad que suelen ser escasos los primeros y fundamentales los segundos. En el caso de Suárez, ambos fueron lo mismo para él y toda España. 

Cuando uno lee las biografías de Suárez, y las hay por decenas, uno suele encontrarse a veces en algunas de ellas con la creencia de quienes creían que el rey Juan Carlos, al elegirlo para formar gobierno luego de la renuncia del primero formado tras la muerte de Franco encabezado por Arias Navarro y que difícilmente pudo sostenerse un año en el poder, manifestaba así su deseo de mantener el statu quo franquista con la elección de un poco conocido pero eficiente funcionario del régimen. Así, para muchos, en un momento clave para España, el futuro no se avistaba muy distinto del presente. Pero Suárez sorprendió a todos, al mundo entero con una serie de reformas políticas y una capacidad para el diálogo que hizo posible no solo el desmontaje de todo el aparato franquista del Estado (que conocía muy bien y por lo cual fue elegido), sino que además transportó a España de una casi edad de piedra política a la modernidad democrática.

De todos ellos, recuerdo especialmente la legalización del Partido Comunista y los sindicatos. "A mi juicio habría sido una injusticia tremenda el dejarles fuera del sistema democrático. Me hubiera parecido intolerable”, dijo en una ocasión en referencia a su empeño en esta tarea. Fue, desde mi punto de vista, su mejor momento de los muchos que tuvo, como tuvo también muchos (tal vez demasiados) de ocaso y fracaso. Pero la manera en que negoció y condujo a las fuerzas enfrascadas en una disputa irreconciliable para legalizar al PCE y devolverle su lugar en la España que se abría a la democracia, es sin duda una lección de consenso político que muchos no aprendieron ni aprenden.

Por supuesto, como cualquier político, tuvo errores y graves. Los Pactos de la Moncloa, por ejemplo, en los que tanto empeño puso para sacar adelante una España democrática y cerrar las heridas del pasado, hoy le pasan factura a un país que todavía busca a los muertos de una guerra civil desperdigados en cientos de fosas comunes. Y en su momento, le significaron una derrota política que lo llevó a la renuncia y luego a intentar otra vez una elección en la que no tuvo mejor suerte. Incluso en este momento fue grande, un gigante. Traicionado por todos, tuvo la hidalguía de renunciar al poder y cederlo a otros. De ese modo, con su paso al costado terminó de afirmar la Transición. Como dije, un grande.

El ‘Tejerazo’, el intento del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981, es otro de esos momentos que relucen en su biografía. Cómo olvidar las imágenes de esos tres hombres, Suárez, Santiago Carrillo y Gutiérrez Mellado, permaneciendo de pie mientras ráfagas de ametralladores intentan someterlos en plenas Cortes. Javier Cercas, en “Anatomía de un instante”, retrata de manera magistral este momento, así que me eximo de relatarlo y solo los remito a sus páginas. Es el mejor homenaje que podemos hacer hoy en su memoria.

En 2002, cuando se cumplieron los 25 años de la Constitución española, refrendada por un referéndum popular, el diario El Mundo de España publicó un especial que recogía los testimonios de la gente de a pie sobre aquellas primeras elecciones luego de 40 años de dictadura y en la que resultó electo Adolfo Suárez. El título no pudo estar mejor elegido: “Todos fuimos Suárez”. Como hoy, en que todos somos Suárez. Por lo menos todos aquellos que estamos convencidos que la política es, esencialmente, conversar y consensuar por el bien general.

Para alguien formado en las aulas sanmarquinas en la época en que el materialismo histórico era un dogma de fe irrebatible y lo económico principio y fin de cualquier análisis, escribir que la Transición española fue obra y mérito de un hombre puede sonar a herejía pero que en el caso de Suárez resulta cierto. Por lo menos en lo que respecta a que sin él, la Transición hubiera sido o más larga o más dolorosa. Lo ha dicho el propio Carrillo, el amigo comunista de un anticomunista confeso como era el propio Suárez: “Suárez se lo jugó todo al cambio. Sin un hombre como Suárez hubiera sido muy difícil, si no imposible, pasar de la dictadura a la democracia”.

Este tal vez sea el mejor epitafio que sobre Suárez se podría escribir.


Escrito por

Jorge Moreno Matos

Periodista por accidente. Historiador frustrado. Padre orgulloso. Rabiosamente ateo.


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